Los últimos rayos del sol iluminaban el cielo y comenzaban a encenderse las luces que alumbrarían el jardín. Las flores aún estaban frescas y esparcían sus dulces aromas por el jardín; todo había sido sin duda perfecto.
Oliver entonces volteo a ver a Emma.
—Hay algo que nunca te he preguntado y que me gustaría saber —reconoció, mostrándose un tanto enigmático al respecto, lo cual llamo enseguida la atención de Emma.
—¿De qué se trata? —le preguntó, confusa por lo que pudiera ser y es que habían