En ese momento y aún en contra de sus objeciones abrió la puerta de la recámara, encendiendo la luz y dejando a la vista de todos la completa locura de Barbara. Las paredes estaban tapizadas por completo con fotografías de su familia, pero en especial de él, Emma y su hijo. No solo eran fotografías públicas de las redes sociales o periódicos, sino de vigilancia.
Aparentemente había estado siguiéndolos muy de cerca por algún tiempo, espiando todo lo que hacían y decían; lo cual era sin duda esca