Capítulo 17. La Llegada a la Mansión
El helicóptero aterrizó con un rugido final en un helipuerto privado situado en las afueras de la ciudad. Al bajar, el aire de la metrópoli, cargado de smog y ruido metálico, la golpeó con la fuerza de un bofetón.
El trayecto en el coche blindado hasta su mansión fue un borroso desfile de luces y asfalto. Arthur permanecía en silencio en el asiento del copiloto, vigilando el retrovisor, mientras Eleanor se abrazaba a sí misma en el asiento trasero, sintiendo que el calor de la calefacción era insuficiente para el invierno que llevaba por dentro.
En cuanto el vehículo se detuvo, Eleanor sintió un alivio momentáneo que pronto se transformó en pesadez. Al bajar del coche, sus piernas temblaron. Sus manos, aún con restos de ceniza incrustados en las cutículas, no dejaban de vibrar.
Apenas cruzó el umbral de la entrada, el teléfono en su bolsillo volvió a cobrar vida. Era la quinta llamada de su socio principal en la editorial.
—Señorita Eleanor, por favor, apague ese aparato. Suena como u