Thomas cerró la puerta con un golpe seco. La casa quedó en silencio, salvo por el eco de su respiración agitada. Sus ojos se dirigieron al teléfono que había dejado caer en el sofá. La pantalla aún muestra las notificaciones de la transmisión: mensajes, reacciones, personas compartiéndola. Había sido visto por miles, tal vez más.
Caminó hacia la cocina, abrió la nevera y sacó una botella de agua. El líquido frío apenas logró calmar el fuego que sentía en su pecho. ¿Había hecho lo correcto? ¿O s