El silencio que siguió al golpe fue más brutal que el propio impacto. Un segundo detenido en el tiempo. Como si el mundo contuviera el aliento.
La mano de Sophia quedó flotando en el aire un instante antes de caer pesadamente al barro. Su cuerpo, frágil y ensangrentado, se desplomó sobre el de Thomas, como un escudo humano vencido. Como el cuerpo de una mariposa sin alas, luego de haber peleado contra un huracán y haber vencido.
El barro la recibió con la indiferencia de quien ya ha sido mancha