Thomas cerró los ojos por un momento, inhalando profundamente para contener la rabia que lo consumía. Cada músculo de su cuerpo parecía a punto de estallar. Sabía que Helena estaba jugando con fuego, pero esta vez, él iba a tomar el control. Soltó el picaporte de la puerta abierta, y se acercó hasta el soporte pegado a la pared donde estaba el teléfono inalámbrico de la casa.
—¿Qué haces? —preguntó Helena, levantando la barbilla con un aire desafiante, aunque una sombra de incertidumbre cruzó p