Xavier estaba sentado en su sillón, con el teléfono en las manos y su mug lleno de refresco en el piso. Los disparos y sonidos del videojuego que estaba jugando se reproducían desde los parlantes de su teléfono, movía frenéticamente los dedos, sacando la lengua y mordiéndose los labios mientras jugaba. Estaba tan concentrado que no se dio cuenta de que su madre había llegado.
—¡Xavier! —le gritó apenas entró y vio que no estaba haciendo nada—. ¡Te dije que dejes ese teléfono y te pongas a lavar