Thomas podía sentir cómo, bajo sus fuertes y poderosos dedos, la garganta de Gabriel se iba cerrando. Había soñado con ese momento tantas noches… La adrenalínica sensación de que, por fin, uno de los orígenes de todos sus males y pesares, estaba a punto de desaparecer. Sólo un poco más… Sólo un poco más…
—Por favor… Thomas… —jadeó Gabriel, arañando las garras de su agresor—. Por favor…
No. Así no. Esta no era la manera de solucionar las cosas. No era lo que quería que su hijo aprenda. No era lo