El clic de la cerradura sonó más fuerte de lo habitual. Sophia giró la llave con una lentitud que no respondía al cansancio, sino a algo más difícil de nombrar. El eco suave del pasillo desapareció tras la puerta y el departamento, con su aire moderno y ordenado, la recibió en silencio. Un silencio que, por primera vez en la noche, no le molestó.
Gabriel entró tras ella con paso firme, sin pedir permiso. Dejó su saco cuidadosamente doblado sobre el respaldo del sillón y caminó hacia la cocina c