Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol de Miami se filtraba a través de las persianas de madera de la oficina de Michael Sterling con una agresividad que parecía burlarse de la precaria estabilidad de Alexander Blackwood. Eran las ocho de la mañana. Alexander, sentado en un sillón de cuero con el brazo izquierdo inmovilizado por un cabestrillo oculto bajo una chaqueta de lino, observaba la pantalla del televisor sintonizada en un canal de noticias financieras. Su rostro, aunque pálido por







