El sol se alzaba sobre el Atlántico, tiñendo el agua de un color oro pálido. Alex Blackwood estaba en cubierta, con solo unos pantalones de deporte y la piel brillando por la humedad salina. Hacía ejercicios de respiración lenta que Camila le había enseñado, aunque ahora la intención no era la calma, sino el control.
Camila salió de su camarote, vestida con la misma ropa gris del día anterior, pero con una camisa de Alex varias tallas más grande sobre ella, un intento desesperado por cubrirse d