La luz de la luna apenas se filtraba en el dormitorio mientras Alexander terminaba de relatar la pesadilla: Julian Reed no había atacado el plan, sino la ejecución. El correo del Banco Fiduciario, la ruta criptográfica, el mensaje anónimo. Los $1,500 millones estaban en un limbo digital, vulnerables a un ataque informático sofisticado.
Alexander esperaba pánico, o quizás el colapso. En su lugar, la reacción de Camila Ríos Blackwood fue la más helada y peligrosa que había presenciado. Ella se le