El aire en el penthouse de Alexander Blackwood se había espesado con una verdad demoledora, una que había permanecido oculta bajo capas de fraude corporativo y luto. Alexander, con su armadura de CEO resquebrajada, había compartido el secreto que había descifrado: Isabella estaba embarazada en el momento del accidente, y el padre era Julian Reed.
Camila no retrocedió. Se acercó a él, una presencia firme y cálida en medio de la tormenta. Había dejado de ser la terapeuta; ahora era la estratega,