El amanecer irrumpió en el penthouse con la claridad brutal de la verdad. La pantalla de la computadora, aún encendida en el despacho de Alexander, revelaba la frialdad de los datos: el Audi R8 V10 modificado, el registro de luces cegadoras ilegales, y el nombre del propietario: Julian Reed.
Camila se había quedado inmóvil durante lo que pareció una eternidad, sintiendo cómo el miedo helaba su sangre. Regresó al dormitorio, donde Alexander dormía con la paz de un hombre que, por primera vez en