Maribel, por su parte, estaba técnicamente bien.
Café. Apuntes. Biblioteca. Exámenes. Tesis. Estudiar para pasar el examen de la barra que la acreditaria para ejercer su profesión en el estado.
Todo en orden.
Todo excepto ella.
No podía concentrarse del todo.
Ni dormir sin que su cuerpo recordara el suyo.
Ni tocarse sin que su mente volviera a esa noche, a sus manos, a la forma brutal y perfecta en que él la tomó sin pedirle nada… más que rendirse.
Había estado con un solo hombre en su vida.
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