Jamás, ni en mi peor pesadilla, imaginé que él me atraparía. Pero allí estaba, en New York, a medianoche, sujetándome del brazo y clavándome los dedos, sacándome del hotel y empujándome al frio asiento de su camioneta Cadillac. Antes de que cerrará mi puerta de un portazo, apenas alcancé a ver a Chris ser sacado del hotel a empujones y arrojado a otro coche.
Jonathan subió al asiento del copiloto y encendió el motor. Me arrojo mi bolso a las piernas.
—A la próxima, será mejor que revises lo q