Salté desde el tejado de la casa, al suelo y reprimí un doloroso quejido causado por el golpe contra el concreto. Pero no tenía tiempo para lamentarme y llorar, enseguida me levanté y corrí por la vacía calle. Ese barrio estaba totalmente abandonado, con casas vaciadas por la delincuencia y calles solitarias, incluso a plena luz del día. Corrí lo más rápido que me lo permitía mi cuerpo debil, solo alentada por la esperanza de reunirme con mi bebé y volver a cargarla.
No quería morir allí, sin v