Solo pocos días después de haber sido arrastrada devuelta a la mansión, con una seguridad a tope y un nulo contacto humano, empecé a presentar raros síntomas. La comida que Jonathan llevaba a mi habitación me producía asco de solo verla y la indigestión que había inventado cuando escapé, ahora se sentía real.
—¿Hoy tampoco piensas comer? —su tono era irritable.
Con el plato intacto, me levanté de la pequeña mesa y volví a la cama. Me cubrí con las sábanas hasta la cabeza, deseando que se marc