Cris se mantuvo encima mío, viendo con ojos indiferentes cómo las lágrimas salían de mis ojos. Simplemente todo lo que acurría, desde que salí de la habitación de Samuel en el hospital, el secuestro, la llegaba allí y ese grillete alrededor de mi tobillo, se sentía como parte de una irrealidad muy ajena a mí.
Ese hombre tenía la cara, pero no era mi amigo.
—Nunca dije que quisiera una vida contigo —le hice saber con voz temblorosa.
Mi labio sangraba y me doliá la mejilla por la bofetada que me