Luego de la fuerte bofetada que Cris me dio en la mejilla, que me produjó un leve aturdimiento, él se puso al volante y a mí me mandó a la parte trasera. Salimos del estacionamiento y, bajo el sonido de la lluvia golpeando el techo del coche, sentí como tomaba un rumbo muy diferente al que me llevaba a casa.
En otras circunstancias, luego de sentir el labio partido y que mi cabeza se recuperará de la bofetada, habría tratado por todos los medios de escapar de esa situación. Quizás habría gritad