—¿A-ayudarme a escapar?
Mi voz fue trabajosa por la incredulidad en ella. Christian asintió y, serio, verificó que nadie nos estuviera espiando por las escaleras. Luego recorrió el recito de un lado a otro, buscando una salida adicional. Aunque mi cabeza seguía envuelta en una tensa nube caliente por la presión a la que él mismo me había sometido, traté de entender lo qué hacía.
—Christian, ¿qué has dicho?
Él movió tablas con cuidado, movió baldes de agua abandonados y se asomó por una de las v