CAPÍTULO 29 — Cuentas pendientes
El eco de los pasos de Gabriel resonaba con firmeza sobre el mármol del edificio donde funcionaba la revista. Cada paso parecía una descarga de su enojo contenido. No había podido dormir bien desde que leyó aquella nota. Sentía una mezcla de rabia e impotencia. Isabella no merecía eso. No después de todo lo que había trabajado.
La secretaria de Bárbara lo vio llegar y se tensó al instante.
— Buenos días, señor Fuentes Mansilla —saludó con una sonrisa nerviosa—.