CAPÍTULO 231 — Lazos de honor y pétalos de promesa
El jardín de la residencia Rossi-Gonzales, que meses atrás había sido testigo del bautismo de Fabrizio en medio de una tormenta emocional contenida, hoy lucía radiante bajo un sol de justicia que parecía bendecir el evento. Las mesas estaban vestidas de blanco inmaculado, adornadas con centros de mesa de peonías y rosas salvajes. Una pérgola cubierta de enredaderas servía de altar improvisado, y el aire estaba cargado de esa alegría efervescente que solo las bodas largamente esperadas pueden generar.
Era el gran día de Valentino y Camila.
Después de la interrupción abrupta de su primera boda —aquel día caótico que había marcado el inicio de tantos conflictos—, la pareja había decidido renovar sus votos y celebrar su unión como Dios mandaba: con su hijo en brazos y rodeados de la gente que realmente importaba.
Gabriel Fuentes estaba de pie junto al altar, desempeñando su papel de padrino con una elegancia relajada. Llevaba un traje azu