EPÍLOGO
Quince años habían pasado desde aquel día en la playa, donde dos promesas fueron selladas con sal y lágrimas de redención. El tiempo, ese arquitecto implacable, había transformado no solo los rostros de quienes protagonizaron aquella historia, sino también el mundo que habían construido.
La casa de playa seguía allí, resistiendo las mareas y el viento, pero ahora tenía anexos: una terraza más grande para las fiestas de verano, un estudio de arte lleno de luz y un jardín salvaje donde l