CAPÍTULO 232 — El pacto del agua y la lealtad
Fátima estaba inclinada sobre un escritorio auxiliar, revisando una lista de proveedores, mientras Isabella mecía el cochecito de Victoria con el pie, tarareando una melodía suave. La niña, con ocho meses recién cumplidos, balbuceaba alegremente, intentando agarrar un juguete de peluche.
Isabella dejó de tararear y miró a su amiga. Había estado posponiendo esta conversación, no por duda, sino porque quería encontrar el momento perfecto. Pero viendo