CAPÍTULO 211 — La firma del pacto invisible
El pasillo de neonatología, con su luz perpetua y su silencio cargado de esperanzas, se convirtió en el escenario de una tregua silenciosa. Camila, con esa intuición afilada que solo las mejores amigas poseen, detectó el cambio en la atmósfera. Había un aire denso entre Gabriel e Isabella, una mezcla de dolor antiguo y una nueva fragilidad nacida del nombre compartido. No era el momento para terceros.
— Bueno, chicos —dijo Camila, rompiendo el silenci