CAPÍTULO 211 — La firma del pacto invisible
El pasillo de neonatología, con su luz perpetua y su silencio cargado de esperanzas, se convirtió en el escenario de una tregua silenciosa. Camila, con esa intuición afilada que solo las mejores amigas poseen, detectó el cambio en la atmósfera. Había un aire denso entre Gabriel e Isabella, una mezcla de dolor antiguo y una nueva fragilidad nacida del nombre compartido. No era el momento para terceros.
— Bueno, chicos —dijo Camila, rompiendo el silencio y acomodándose el bolso en el hombro—. Creo que mi turno de visita terminó. Fabrizio me va a reclamar la cena y Valentino debe estar preguntándose si me mudé aquí.
Isabella se giró hacia ella con una sonrisa agradecida.
— Gracias por venir, Cami. Y gracias por los bombones.
— De nada. Cuídense mucho. Y a ti, bebe hermosa —dijo Camila, tocando el vidrio suavemente—, pórtate bien y crece rápido. Tu tía te espera para malcriarte.
— Adiós, Camila. Saluda a Valentino de mi parte —añadió Gabriel.
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