CAPÍTULO 210 — El muro de Isabella y la caída de los ídolos falsos
Isabella estaba sentada en la cama, con la espalda recta y apoyada en varias almohadas. Ya no tenía el suero conectado, una pequeña victoria en su camino hacia la recuperación, pero su rostro aún conservaba la palidez de quien ha perdido mucha sangre y muchas ilusiones.
La puerta se abrió con suavidad y Camila asomó la cabeza, con esa sonrisa luminosa que parecía capaz de disipar cualquier nube gris.
— ¡Hola! —saludó Camila, entrando con paso ligero—. ¿Cómo estás, súper mamá?
Isabella sonrió al verla. Camila traía en las manos una caja de bombones artesanales envuelta en papel dorado.
— Hola, Cami. Pasa, por favor. Me salvas del aburrimiento mortal de la televisión diurna.
Camila dejó los bombones sobre la mesa y se sentó en el borde de la cama, tomando la mano de su amiga con cariño.
— Te traje esto. Sé que la dieta del hospital es deprimente y pensé que un poco de chocolate no le hace mal a nadie. Son de los que te g