CAPÍTULO 172 — Un nuevo amanecer
Isabella se sentó en la cama, sintiendo el cuerpo pesado y los ojos hinchados por el llanto de la noche anterior. Sin embargo, algo había cambiado. El vacío desgarrador que había sentido al salir del apartamento de Gabriel, esa sensación de estar cayendo por un precipicio sin fondo, se había detenido.
Se llevó la mano al vientre. Un gesto que, en menos de veinticuatro horas, se había convertido en su ancla a la tierra.
— No me voy a dejar caer —susurró a la habi