CAPÍTULO 173 — Renuncias y principios
Alejandro estaba sentado en uno de los sillones de cuero frente al escritorio de Valentino. Su socio, amigo y ahora familia, tenía ojeras marcadas bajo los ojos, pero su sonrisa era imborrable.
— Entonces, ¿cómo pasó la noche mi sobrino? —preguntó Alejandro, rompiendo el hielo mientras jugueteaba con un bolígrafo sobre la mesa.
Valentino soltó un suspiro que era mitad agotamiento y mitad devoción absoluta. Se recostó en su silla ejecutiva, entrelazando las manos detrás de la cabeza.
— ¿Fabrizio? Es un tirano en pañales, Alejandro. —Valentino rio suavemente—. Se despertó cada dos horas pidiendo comida o simplemente reclamando atención. Pero te juro que cuando me mira con esos ojos, se me olvida que no he dormido en cuarenta y ocho horas.
— Eso es el amor de padre —dijo Alejandro con una sonrisa cálida—. Te cambia la vida.
— No tienes idea —respondió Valentino, inclinándose hacia adelante para mostrarle una foto en su celular—. Mira, esta la tomé ho