CAPÍTULO 170 — Lágrimas bajo la ducha
Isabella llegó a su auto arrastrando los pies. Le dolía el pecho, le dolía la garganta de contener los gritos y le dolía el alma de una forma que nunca imaginó posible.
Sacó las llaves de su bolso sacudidas por un temblor incontrolable. Intentó meter la llave en la cerradura, pero el metal chocó contra la puerta una, dos, tres veces, rayando la pintura.
— Maldita sea… —susurró, y su voz se rompió en un sollozo ahogado.
Se dejó caer contra la puerta del cond