CAPÍTULO 169 — La trampa de Barbara parte II
El ascensor privado se detuvo en el piso 42 con un timbre suave. Las puertas de acero se abrieron e Isabella dio un paso hacia el vestíbulo del penthouse.
Su corazón latía con fuerza, una mezcla de nervios por la supuesta negociación empresarial y la ansiedad profunda de llevar en su vientre el secreto que podía salvarlos. Apretó su bolso contra su costado, sintiendo el peso de la ecografía que llevaba guardada, aunque aún fuera solo un punto minúsculo en el papel.
Caminó hacia la puerta principal. Le resultó rarísimo que estuviera entreabierta.
— ¿Gabriel? —llamó, empujando la hoja de madera pesada.
Nadie contestó. Solo se escuchaba la música clásica, un violonchelo llorando notas graves que resonaban en las paredes desnudas.
Isabella decidió entrar. Dio unos pasos por el pasillo de entrada que desembocaba en la gran sala de estar.
Y entonces, lo vio todo.
El tiempo se congeló. El aire abandonó sus pulmones en un grito silencioso que se le