CAPÍTULO 10 – Sombras en la piel
Cuando Isabella regresó a casa todavía la luz del sol estaba clara. Había terminado antes sus reuniones y decidió no volver a la oficina. La tarde se sentía tranquila, casi perfecta, y pensó que era una buena ocasión para preparar algo especial para Gabriel. Le gustaba sorprenderlo con detalles simples: una cena, una copa de vino, una conversación sin interrupciones.
La casa estaba silenciosa, encendió el horno, acomodó la mesa del comedor y puso música suave. M