Islandia era el lugar perfecto para ellos. Una tierra de contrastes violentos: glaciares eternos durmiendo sobre volcanes activos. Tal como Eirik.
Habían pasado tres días recorriendo el Círculo Dorado. Emma había visto la fuerza bruta de la naturaleza en la cascada de Gullfoss y el estallido de los géiseres, siempre con la mano de Eirik en la baja espalda, guiándola, protegiéndola del viento cortante. Pero Eirik estaba impaciente. El turismo estaba bien, pero él quería privacidad. Quería a Emma