El jet privado de la Familia Berg aterrizó en la pista privada de Helsinki bajo una lluvia ligera. Eirik bajó la escalerilla primero, tendiéndole la mano a Emma. Ambos brillaban. El viaje a Islandia los había transformado; Eirik ya no tenía esa aura de hielo perpetuo, sino una intensidad tranquila y magnética. Emma caminaba con la seguridad de una mujer que acaba de ser amada por un dios.
Pero la sonrisa de Eirik se borró en cuanto sus pies tocaron el asfalto. Bjorn los esperaba al pie de la es