A la mañana siguiente, la atmósfera en la mansión era tensa. Elena había vestido a los trillizos con sus mejores ropas formales, aunque Bjorn ya había roto una costura de su camisa al estornudar y Thorsten intentaba desmontar su reloj inteligente a escondidas.
Mikael los reunió en el gran salón. —Escuchadme bien —dijo con voz severa—. Las personas que vienen hoy son... complicadas. Son el Consejo de los Antiguos. Son los guardianes de nuestras leyes más sagradas. No habléis a menos que os pregu