El búnker estaba iluminado solo por el resplandor azul de seis monitores. El aire zumbaba con el sonido de los procesadores trabajando al límite.
Thorsten, sentado en una silla giratoria que le quedaba grande, tecleaba con una velocidad que hacía que sus pequeños dedos fueran borrosos. Tenía una piruleta en la boca y el ceño fruncido en concentración absoluta.
—Sus servidores están protegidos con magia rúnica, mamá —dijo el niño, escupiendo la piruleta en un pañuelo—. Es código antiguo. Basado en latín y nórdico viejo.
Elena estaba detrás de él, analizando los patrones de datos que Thorsten lograba extraer. —La magia es solo una forma de energía, Thorsten. Y la energía deja huella. Busca los registros de entrada del "Santuario del Vacío".
—Ya estoy dentro —anunció el niño—. Accediendo a los archivos de "Estudiantes Graduados".
Una lista apareció en la pantalla. Cientos de nombres, remontándose al siglo XV. Elena empezó a leer. —"Lars del Sur, Alfa de Tormenta. Ingresado en 1605 para e