El Nivel 4 del búnker subterráneo zumbaba con el sonido de los ventiladores de refrigeración. Lo que Mikael había diseñado como un refugio de pánico, Elena lo había transformado en la NASA.
Rodeada de seis monitores curvos, Elena tecleaba a una velocidad vertiginosa. Su rostro estaba pálido, y de vez en cuando se llevaba una mano al vientre abultado, haciendo una mueca de incomodidad, pero sus ojos brillaban con determinación fría.
Mikael estaba sentado detrás de ella, en una silla táctica, vig