—¡No llega a tiempo! —Mikael miró el monitor. El corazón de Elena latía peligrosamente lento. Bum... ... ... Bum...
La doctora tardaría al menos cinco minutos en bajar todos los niveles de seguridad. Elena tenía menos de dos. Los trillizos, asustados por el shock de su madre, estaban consumiendo su aura vital a una velocidad voraz. Eran demasiado fuertes para su cuerpo humano.
—No te vas a morir. No te lo permito —gruñó Mikael.
Rasgó su propia camisa, dejando su pecho desnudo. Luego, con manos