La mansión olía a humo, a pino quemado y a antiséptico. Los heridos gemían en el ala médica improvisada, recuperándose de las parálisis nerviosas y las heridas de bala. El orgullo de la Manada del Bosque Oscuro había sido pisoteado.
Elena estaba en su taller, con una lupa de aumento sobre el ojo, diseccionando los restos humeantes de uno de los drones que había derribado. —Esto no es tecnología militar estándar —murmuró, pasando el dedo por un microchip azul cobalto—. La soldadura es microscópi