Afuera, el capitán de los mercenarios de BioTech hizo una señal de avance. —Objetivos neutralizados por el sonido. Entrad y asegurad al Alfa. Matad a los demás.
Los mercenarios avanzaron hacia la puerta principal. No esperaban resistencia. Según sus informes, los lobos estaban incapacitados y la única humana era una embarazada asustada.
Grave error.
De repente, los maceteros de piedra de la entrada giraron. Paneles ocultos en el suelo se abrieron. Torretas automáticas, armadas con munición de alto calibre y sensores térmicos, emergieron de la nieve.
—¿Qué demonios...? —empezó a decir el capitán.
Dentro de la oficina, Elena pulsó "ENTER" en la consola. —Comed plomo, bastardos.
Las torretas abrieron fuego. El ruido fue ensordecedor. Una lluvia de balas barrió la entrada, destrozando a la primera línea de mercenarios antes de que pudieran levantar sus armas. Los gritos de los atacantes se mezclaron con el zumbido sónico.
Pero eran demasiados. —¡Cubríos! —gritó el capitán mercenario—. ¡Us