Julian emergió de los escombros, lanzando un bloque de hormigón lejos con su brazo mecánico. Su cuerpo híbrido estaba magullado, pero el suero regenerativo ya estaba cerrando las heridas.
Se puso de pie, alcanzando la misma altura que el lobo gigante. La imagen era aterradora: La perfección de la naturaleza ancestral contra la perversión de la ciencia moderna.
—Mikael... —se rió Julian, extendiendo sus garras metálicas—. Llegas justo a tiempo para ver cómo te reemplazo.
Fenrir no habló. No perd