Tres días después de que los cimientos de BioTech se derrumbaran bajo el peso de la justicia salvaje, el cielo sobre Finlandia decidió, por fin, conceder una tregua. Las nubes de plomo se abrieron, dejando paso a un sol de invierno pálido y distante que iluminaba la nieve manchada de ceniza en los terrenos de la Mansión del Bosque Oscuro.
El aire olía a pino, a ozono y a humo sagrado.
En el claro ceremonial, doce piras funerarias ardían con llamas altas y rugientes. Doce guerreros, leales hasta