La medianoche había caído sobre Grayhaven con la fuerza de una losa. La niebla cubría las calles como un manto espeso, devorando las luces de los postes y apagando los sonidos de la ciudad. Allyson Drake caminaba despacio por el sendero que conducía a los jardines de la mansión Barrymore. Cada paso resonaba hueco en la grava húmeda, como si el suelo mismo le recordara que estaba entrando en territorio enemigo.
Había recibido la llamada pocas horas antes. Una voz femenina, disfrazada, le había s