Grayhaven estaba en silencio esa tarde, como si el pueblo entero se hubiese puesto de acuerdo para guardar un secreto. El puerto estaba casi vacío, los comercios cerraban temprano y la niebla descendía antes de lo habitual, espesándose entre los callejones como un animal que acecha.
Allyson Drake caminaba junto a Torres y Daniel Harper por una calle lateral, rumbo a un punto de encuentro seguro. Daniel llevaba una carpeta bajo el brazo, con la paranoia clavada en la mirada. Desde que Lizzie le había advertido que era un blanco, no había podido dormir. Allyson lo mantenía cerca, sabiendo que era tanto una pieza clave como un blanco fácil.
—Mantente a mi lado —le dijo con voz firme.
Torres revisaba el perímetro con la mirada, cada sombra, cada reflejo en las ventanas. Había algo en el ambiente que lo incomodaba más que de costumbre. Su instinto le gritaba que la niebla no estaba sola.
Fue entonces cuando escucharon el rugido de un motor.
Una furgoneta negra dobló la esquina a toda veloc