Los días siguientes fueron un torbellino de declaraciones, reportajes y procesos legales. Grayhaven parecía otro pueblo, menos asfixiado pero igual de desconfiado. La niebla ya no era excusa para las muertes; ahora tenía nombre y apellido: Judy Barrymore y sus cómplices.
En el cementerio local, Lizzie Reynolds fue despedida en un funeral sencillo. Pocos asistieron: algunos empleados de la Fundación, vecinos curiosos, y Ethan Voos, de pie frente a la tumba, con el rostro sombrío. Allyson lo obse