El pasillo de la mansión Barrymore estaba en silencio, apenas iluminado por la luz tenue de las lámparas antiguas. Lizzie Reynolds caminaba despacio, con los brazos cruzados y el corazón golpeándole el pecho. Cada paso la alejaba del salón donde Ethan había confesado lo impensable: que Allyson Drake le gustaba. Esa frase aún resonaba en su mente como un eco que no sabía si la hería más por los celos o por el miedo.
Amaba a Ethan desde el primer día que entró a trabajar a su lado. Había sido su