La luz fría de la oficina de Helena proyectaba sombras sobre los papeles esparcidos en el escritorio, reflejando la tensión que flotaba en el aire como un espectro imposible de ignorar.
La mujer mantuvo su postura rígida, los ojos fijos en Lysandra mientras procesaba cada palabra que había sido dicha.
Hubo un instante de silencio, pero no era vacío.
Era el tipo de pausa que antecede a una decisión que cambiará el rumbo de las cosas.
Helena deslizó los dedos sobre la superficie de la