—Ah, todavía no… —murmuró Asteria, bajando la mirada hacia el cachorro mientras acariciaba su pelaje con dedos temblorosos—. No hemos tenido tiempo.
—¿Nada? ¿Ni siquiera una idea? —insistió Rogger, su tono lleno de una curiosidad juguetona que hacía que la atmósfera se sintiera más pesada que cálida—. Vamos, un cachorro tan lindo necesita un nombre tan especial como ustedes dos.
Asteria sintió cómo el calor subía a sus mejillas. Bajó la mirada hacia el cachorro para evitar la de Rogger, y