Al llegar al edificio, Alfonso entró al departamento con Darina en brazos, el peso de la situación era palpable en el aire.
Darina estaba abrumada, no solo por el hecho de que un completo desconocido, y encima el presidente de la empresa Morgan, la estuviera ayudando, sino también por la sensación de vulnerabilidad que la invadía.
Su cuerpo aún temblaba levemente por el miedo y la incertidumbre.
—Le agradezco, señor Morgan, de verdad… no es necesario que se preocupe tanto —dijo Darina, con voz t