Azul estaba a punto de cumplir siete meses de embarazo. Su vientre redondeado se movía con pequeños empujoncitos que, aunque a veces eran incómodos, le recordaban que ahí dentro crecía un milagro. Hernán, recostado en el sofá, se recuperaba de su última quimioterapia. Su cuerpo aún estaba débil, pero su espíritu, más fuerte que nunca.
La casa era silenciosa, tibia, llena de esperanza. Hernán observaba con calma el techo mientras Azul acomodaba unos cojines. Luego giró el rostro hacia ella y le s